No se hagan bolas.
La disputa por la alcaldía de Puebla en 2027 ya no está en fase de calentamiento, ya está en plena operación.
El partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) entendió que los tiempos se comprimieron y que septiembre será el punto de quiebre para definir candidatura.
Se sabe que el plan A no ha cambiado, diga lo que se diga.
Ahí cabe el “no se hagan bolas”, de nuevo.
Laura Artemisa García Chávez sigue siendo la carta principal de su grupo.
Se le cuida, se le posiciona sin saturarla y se le mantiene como eje de una estrategia que busca llegar fortalecida al momento de la definición.
No hay improvisación ahí.
Incluso, el abrazo y plática reciente con la presidenta Claudia Sheinbaum, no fue improvisada y movió tapetes.
En paralelo, se mueven otras piezas para evitar desgaste anticipado y mantener margen de maniobra.
En ese juego aparecen Celina Peña y hasta Olivia Salomón entra en la mira, aunque no sea del grupo.
Lo cierto es que los perfiles son medidos, proyectados y utilizados como válvulas de equilibrio interno.
Todo con vigilancia y aprobación desde Palacio Nacional.
Parece que diversificar es la consigna.
En tanto, por el lado masculino el alcalde Pepe Chedraui, se mantiene como una figura solida por la reelección.
Es el punto de referencia obligado.
Pero Morena no solo piensa en un solo candidato al igual que con las mujeres y en ese tablero también se mueve José Luis García Parra.
El operador 1 no se descarta y que sigue acumulando presencia en el armado político.
Tic Tac, todos corriendo ya.
El tema es sacar la selección sin rompimiento de sus cuadros.
Los de enfrente…
En tanto, la oposición no pareciera que hay estrategia, sino solo una inercia.
El Partido Acción Nacional (PAN), que debería ser la primera fuerza competitiva, sigue atrapado en sus propias dudas y conflictos internos.
Eduardo Rivera sigue alzando la mano, incluso su esposa Liliana Ortiz, pero en el otro grupo ya mueve a Genoveva Huerta.
También el líder estatal Mario Riestra sigue siendo reciclado como alternativa, dependiendo —como siempre— de factores externos como el género que defina Morena.
Y dicen que ya hasta Fernando Manzanilla, ha regresado por sus huestes, luego de haberse apestado en la 4T.
Pero no hay proyecto claro, solo posibilidades sueltas.
El PRI está peor.
Sin estructura, sin narrativa y sin figuras, su papel es prácticamente testimonial.
No hay señales de recomposición ni de una alianza firme con el PAN.
Hoy, el tricolor no compite, solo trata de sobrevivir.
Y en Movimiento Ciudadano, la apuesta raya en lo absurdo.
El senador Néstor Camarillo insiste en construir una candidatura a base de videos ridículos que buscan viralidad, pero logran pena ajena.
Su figura se ha convertido en sinónimo de oportunismo más que de alternativa real.
Así, mientras Morena administra sus tiempos, la oposición navega sin brújula sin discurso, sin cohesión y sin liderazgo claro.
Unos juegan ajedrez; otros, apenas entienden el tablero.
Tiempo al tiempo.

