miércoles, enero 14, 2026

Noroña, el lastre incómodo de la 4T

Cada aparición suya desplaza la agenda pública hacia el escándalo, el pleito y la anécdota, en lugar de concentrarla en seguridad, economía o gobernabilidad.

En la Cuarta Transformación hay personajes que ayudan a construir y otros que terminan por estorbar.

Los que restan en lugar de sumar.

Gerardo Fernández Noroña pertenece hoy al segundo grupo.

No por sus posiciones ideológicas, sino por el desgaste permanente que genera su comportamiento, su protagonismo y su dificultad para entender que el movimiento que lo cobijó ya no vive en modo campaña.

Pero sobre todo por su soberbia.

Durante años fue funcional como agitador.

Su estilo confrontacional servía para polarizar debates, atraer reflectores y colocar a la 4T como fuerza disruptiva frente al viejo régimen.

Era útil cuando el proyecto necesitaba ruido, choque y presencia mediática.

El problema es que la etapa cambió, pero Noroña no.

Pasó del activismo callejero a la responsabilidad institucional sin modificar ni su estilo ni sus reflejos.

Eso ha tenido un costo político creciente.

Cada aparición suya desplaza la agenda pública hacia el escándalo, el pleito y la anécdota, en lugar de concentrarla en seguridad, economía o gobernabilidad.

En vez de ordenar el mensaje del oficialismo, lo contamina.

El ruido

La lista de episodios es amplia.

El #LadyBoing..

Los enfrentamientos con otros legisladores.

Agresiones verbales a periodistas.

La defensa poco creíble de propiedades millonarias en pleno discurso de “austeridad franciscana”.

Viajes al extranjero como todo un rico nuevo

Los desplantes públicos constantes y la necesidad permanente de protagonismo.

Nada de eso fortaleció a la 4T.

Todo eso la ha ido erosionando y, sobre todo, le ha regalado argumentos a la oposición.

El episodio de esta semana resume el problema.

La difusión de su fotografía-retrato oficial en el Senado, con tratamiento solemne y ceremonial, fue leída como un gesto de autoexaltación.

El culto a la imagen que tanto se criticó.

No por la existencia del retrato —que es una tradición institucional—, sino por la carga simbólica que transmite.

Una representación que choca con la narrativa fundacional de la 4T, la misma que prometió combatir la vanidad del poder y el culto a la personalidad.

El símbolo

Mientras desde la Presidencia se intenta proyectar orden institucional, Noroña vuelve a colocar la conversación pública en el terreno del ego y la confrontación.

En lugar de ampliar la base social del proyecto, la polariza y la desgasta. En lugar de ayudar a consolidar un nuevo régimen, reproduce los vicios que se prometieron erradicar.

Hoy su figura ya no suma votos ni legitimidad.

Genera flancos innecesarios, distrae prioridades y abre grietas donde no las había.

En términos políticos, es un lastre que la 4T arrastra por decisión propia.

Y ese es el problema que cobrará factura.

Tiempo al tiempo.

Jorge Castillo
+ posts

Similares

MÁS RECIENTE

ARTE Y CULTURA