Este fin de semana el festejo de los 90 años de Manuel Bartlett Diaz no fueron cualquier celebración.
La comilona tuvo un tono de homenaje anticipado o cierre de ciclo político.
En el encuentro fue apapachado y reconocido por sus sucesores.
Como en la vida, en la política el tiempo también pasa para sus protagonistas.
Sin cargo público desde que dejó la dirección de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) al concluir el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, Bartlett reapareció rodeado de quienes fueron parte de su historia y de quienes hoy administran el presente.
La reunión fue privada y cuidada.
Convocada por eterno pupilo Carlos Meza Viveros, la lista de asistentes fue copiosa.
Melquiades Morales, Ignacio Mier, diputados federales, operadores de distintas épocas y en lugar destacado, el gobernador Alejandro Armenta Mier.
La fotografía habló por sí sola: el poder vigente compartiendo mesa con uno de los hombres que mejor entendió —y ejerció— el poder en Puebla y en México.
Bartlett gobernó el estado de 1993 a 1999, en los años de hegemonía priista.
Antes fue secretario de Gobernación en 1988, protagonista “caída del sistema”, episodio que lo colocó en el centro de una de las mayores polémicas electorales del país.
También eternamente señalado por una vinculación por la muerte del agente de la DEA en México, Kiki Camarena, pero nunca acusado oficialmente por ninguna autoridad.
Más tarde ocupó la Secretaría de Educación Pública, fue senador y, ya en tiempos recientes, director general de la CFE.
Su biografía política es tan extensa como controvertida.
También fue operador eficaz, constructor de estructuras y formador de cuadros que aún gravitan en la política local.
Por eso el festejo tuvo lectura política.
No fue sólo convivencia entre viejas generaciones; fue una reunión de redes que sobreviven al paso del tiempo.
Exgobernadores, antiguos colaboradores y figuras en activo compartiendo espacio con quien marcó una época.
La presencia de Armenta resultó significativa.
El mandatario en funciones acompañando a Bartlett envía un mensaje de reconocimiento institucional.
Pero queda la duda ¿ya está en retiro político definitivo?
A los 90 años y sin responsabilidad pública formal, todo apunta a que sí.
No hubo anuncio, pero sí símbolos, como sonrisas largas, abrazos de viejos aliados, fotografías que parecen álbum de época.
Bartlett ya no está en la operación diaria, pero su nombre sigue convocando.
La pasarela fue eso, un desfile de trayectorias que se resisten a desaparecer del todo.
Tal vez no sea un adiós explícito, pero sí la imagen de un hombre que, tras décadas en el centro del tablero, parece asumir que su papel ahora es el de referente histórico.
La fiesta tuvo todo el aroma de la última gran escena pública de un personaje que, para bien o para mal, marcó una era.
En Puebla, las despedidas políticas no siempre se declaran, se sugieren.
Tiempo al tiempo.

