domingo, marzo 15, 2026

Viernes 13: la persistencia del mito en el mundo moderno

Incluso en una época dominada por la ciencia, la estadística, la racionalidad, la tecnología y la información instantánea, millones de personas siguen evitando tomar decisiones importantes ese día o al menos lo miran con cierta desconfianza.

Cada vez que el calendario marca viernes 13, la cultura popular revive una de las supersticiones más persistentes de Occidente: películas de terror – casi inevitable pensar en Jason Voorhees, con su máscara de portero de hockey manchada de sangre-; cadenas de mensajes y bromas sobre la mala suerte se multiplican en esta fecha, como si el simple cruce entre un día de la semana y un número condensara la sensación de que algo, en el orden invisible del mundo, podría salirse de su cauce.

Sin embargo, detrás de esta superstición aparentemente trivial se esconde un fenómeno cultural mucho más interesante: la manera en que las sociedades organizan el miedo colectivo y le dan forma narrativa a aquello que les inquieta.  Así, el “viernes 13” se convierte en el ejemplo perfecto de cómo la historia, el simbolismo religioso y la imaginación popular pueden entrelazarse hasta formar una narrativa casi legendaria que persiste aún en el mundo moderno.

Uno de los episodios históricos más citados para explicar la mala fama del viernes 13 ocurrió el 13 de octubre de 1307, cuando el rey Felipe IV de Francia ordenó la detención masiva de los miembros de la Orden del Temple. Los templarios, una poderosa orden militar y religiosa que había acumulado enorme influencia económica y política durante las Cruzadas, fueron acusados de herejía, idolatría y prácticas secretas.

Aquel viernes por la madrugada, decenas de caballeros templarios fueron arrestados en todo el reino francés. Muchos serían torturados, obligados a confesar crímenes improbables y finalmente ejecutados. El último gran maestre de la orden, Jacques de Molay, moriría años después en la hoguera.

Este episodio histórico, que fue en realidad una compleja maniobra política y económica para destruir el poder templario, con el tiempo fue reinterpretado como una especie de tragedia simbólica. En el imaginario contemporáneo, aquel día quedó asociado con la idea de traición, fatalidad y conspiración.

Sin embargo, es importante señalar que la superstición del viernes 13 no nació inmediatamente en 1307. Más bien, el episodio templario se convirtió en un elemento narrativo que ayudó a reforzar una creencia negativa preexistente sobre el número 13, cuya mala fama tiene raíces mucho más antiguas.

En diversas tradiciones culturales, este número aparece como una ruptura del orden simbólico. En la tradición cristiana, por ejemplo, la Última Cena reunió a trece comensales, siendo Judas -el traidor- el último en llegar. En algunas mitologías nórdicas, un banquete de doce dioses es interrumpido por la llegada del décimo tercero, Loki, cuyo engaño provoca la muerte del dios Balder. En ambos casos, el número trece aparece como un elemento disruptivo: el que rompe el equilibrio.

Durante siglos, esta carga simbólica negativa fue permeando -y consolidándose- en la cultura occidental: hoteles que evitan el piso 13, aviones que omiten la fila 13 y edificios que saltan ese número en sus elevadores, son pequeños recordatorios de que los mitos y las supersticiones rara vez desaparecen del todo; simplemente cambian de forma. Antes habitaban en los templos, en las epopeyas o en los relatos sagrados; hoy circulan en el cine, la literatura, la internet y en la vida cotidiana.

Me parece que lo realmente fascinante del viernes 13 no es la superstición en sí misma, sino la necesidad del ser humano de narrarla, es decir, la persistencia del pensamiento mítico en la vida contemporánea. A diferencia de los mitos tradicionales -que buscaban explicar el origen del mundo o las fuerzas de la naturaleza- las mitologías contemporáneas suelen organizarse alrededor de acontecimientos históricos reinterpretados; el viernes 13 es un ejemplo claro de este proceso: un evento histórico real (la persecución templaria), un número cargado de simbolismo cultural y una tradición supersticiosa se fusionan hasta formar una historia que funciona como una micro-mitología contemporánea: una narración compartida que permite expresar temores colectivos -la traición, la mala fortuna, lo impredecible- dentro de una forma cultural reconocible.

Incluso en una época dominada por la ciencia, la estadística, la racionalidad, la tecnología y la información instantánea, millones de personas siguen evitando tomar decisiones importantes ese día o al menos lo miran con cierta desconfianza; lo que revela algo profundamente humano: incluso en las sociedades más racionales, seguimos necesitando relatos simbólicos para organizar la incertidumbre del mundo. Los antiguos llamaban a esas narraciones mitos. Hoy las llamamos supersticiones, leyendas urbanas o cultura popular. Pero en el fondo cumplen la misma función: recordarnos que la historia, cuando se mezcla con la imaginación colectiva, tiene la capacidad de transformarse en algo más poderoso que los hechos.

El viernes 13 nos recuerda, quizá con cierta ironía, que el ser humano sigue necesitando símbolos para nombrar sus temores. Porque cuando la historia se mezcla con la imaginación colectiva, lo que nace no es solo una anécdota del pasado, sino un mito vivo que el calendario se encarga de recordarnos de vez en cuando.

Ana Martha Hernández Castillo
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Historiadora del arte y doctora en estudios históricos. Docente e investigadora de temas culturales y artísticos de la ciudad de Puebla. Gestora de proyectos culturales en el ámbito público y privado

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