La semana pasada (20 de marzo) se cumplió un año que México decidió apagar la luz en uno de los pocos espacios donde todavía era posible ver con claridad: el de la transparencia.
La desaparición del Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) no fue una simple reforma administrativa, sino un desmantelamiento de un contrapeso incómodo.
Antes existía una ruta clara: preguntar, esperar respuesta y, si esta era incompleta o inexistente, acudir a una instancia autónoma que obligaba a las autoridades a rendir cuentas.
Era el INAI.
Antes de su desaparición, procesaba alrededor de 900 solicitudes de información diarias y recibía 52 quejas cada día por negativas o respuestas incompletas.
Además, acumuló 4.22 millones de solicitudes atendidas y permitió construir bases de datos públicas de enorme valor, dentro de una plataforma que hoy concentra más de 14 millones de registros oficiales.
Incluso hay estimaciones que hablan de hasta 15 mil millones de datos gubernamentales disponibles en la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT).
La propia reforma reconocía que la Secretaría Anticorrupción absorberá hasta el 80% de las funciones del INAI con apenas el 35% de su estructura.
Menos capacidad, más carga, resultado predecible.
Hoy, ese camino está roto.
El ciudadano sigue preguntando, pero cuando no hay respuesta, tampoco hay a quién reclamarle.
O al menos no se sabe.
Ahora cada poder resuelve lo suyo.
Ejecutivo, Legislativo, Judicial y organismos autónomos son ahora juez y parte.
La PNT sobrevive, pero apenas con un cascarón incompleto y desactualizado.
Hay municipios tan solo en Puebla que no han subido información desde el tercer trimestre de 2025.
Nadie vigila, nadie sanciona.
Cada autoridad decide qué publicar y qué esconder.
Datos personales al garete
Y mientras el acceso a la información se debilita, la protección de datos personales también se desdibuja.
Paradójicamente, las mismas autoridades encargadas de resguardar la privacidad han exhibido datos sensibles.
Nombres, montos, información que debería estar protegida termina expuesta, sin filtros y sin responsabilidad en la manera de Claudia Sheinbaum.
El sistema no solo dejó de garantizar derechos, comenzó a vulnerarlos.
Periodismo entre muros
Para el periodismo, el impacto ha sido directo.
El acceso a la información era una herramienta esencial para documentar, contrastar y evidenciar.
Hoy, investigar implica enfrentar un muro burocrático cada vez más alto.
Se volvió a lo mismo, trabajar a ciegas, depender de filtraciones o simplemente renunciar a historias que antes podían sostenerse con datos oficiales que se lograban mediante la transparencia.
Pero el problema no es exclusivo de los periodistas.
Sin transparencia no hay rendición de cuentas.
Y sin rendición de cuentas, el poder se vuelve opaco.
¿La transparencia en México está extinta?
Lo cierto es que el derecho a saber —ese que costó años construir— se desvanece frente a nuestros ojos.
Tiempo al tiempo.

