Más de 200 representantes de medios sentados alrededor de una mesa enorme, cuadrada, sin lugares reservados ni barreras simbólicas, definen una escena clara.
En tiempos donde el poder prefiere el cerco, la burbuja y la trinchera, Alejandro Armenta decidió abrir la mesa.
Y que haya sido una sola mesa, cuadrada y todos juntos, tiene su mensaje.
La comida con directores de medios no fue un acto de cortesía ni un gesto social, sino una señal de acercamiento.
El ambiente fue de buena convivencia, diálogo directo, charla sin rigidez y reconocimiento mutuo.
No hubo tensión, no hubo discursos acartonados ni gestos de distancia.
Hubo algo que hoy escasea en la política mexicana: normalidad democrática.
Armenta habló como quien no gobierna desde el enojo, sino desde el control.
Incluso señaló sin tapujos que no gobierna pensando en quién incomoda, sino en cómo corrige la administración, gracias a los distintos reportes de los medios de comunicación.
No reacciona; monitorea.
Sostuvo que no se desgasta en el pleito; revisa y no se escuda en la narrativa; opera.
Ese es el modelo que empieza a dibujarse en Puebla: un gobierno que se sabe observado y no se incomoda con eso.
En un contexto nacional donde la crítica suele convertirse en enemigo, pero Puebla está intentando algo distinto, convertirla en radar.
Y ahí apareció la segunda pieza del mensaje. José Luis García Parra, jefe de Gabinete, lo dijo sin rodeos, sin medios libres y críticos no hay democracia, y sin ellos no se puede servir a la gente.
“Estamos abiertos a la crítica”, aseveró.
No fue una frase ornamental, sino una definición política del tipo de poder que se quiere ejercer.
Pero hubo un tercer mensaje, más silencioso, que no pasó desapercibido.
En la comida, el gobernador reconoció públicamente el trabajo de Pepe Tomé Cabrera y explicó que el reciente ajuste en el área de comunicación no fue un rompimiento, sino una permuta natural con la llegada de Claudia Hernández Medina.
El mensaje fue claro, no hay reacomodos traumáticos ni disputas internas; hay continuidad.
La verdad es que ambos conforman un equipo construido desde hace años, con conocimiento mutuo, rutas compartidas y una misma lógica de operación.
La comunicación de un gobierno no se improvisa; se estructura.
Ese modelo ya fue trazado en el primer año de la administración y ahora el reto es fortalecerlo, no reinventarlo.
En Puebla parece se está ensayando un gobierno que no necesita enemigos.
Y eso, lo vuelve más sólido.
A Armenta se le han querido endosar temas que no le pertenecen, conflictos que no provocó, narrativas que buscan empujarlo al terreno del desgaste.
No ha entrado.
Ha optado por la administración por la corrección interna y por la rendición de cuentas futura.
La alta convocatoria lo confirma.
Cuando más de 200 medios acuden es porque hay interlocución.
No es casualidad.
Es cálculo político.
Porque el poder que se atrinchera se debilita.
Y ahora no es el caso.
Tiempo al tiempo.

