domingo, enero 11, 2026

Sentencia a Zavala y el mensaje de justicia

Durante meses, entre cafés, pasillos y hasta en versiones periodísticas, se cocinó un rumor que pretendía enlodar una causa que no admite manchas: el asesinato de Cecilia Monzón.
Se repetía, casi con morbo, que el gobernador Alejandro Armenta “ayudaría” a Javier López Zavala, que movería hilos, que usaría su peso político para suavizarle la caída al autor intelectual del feminicidio.

Era una versión tan insistente como irresponsable.
Finalmente, esa historia fue sepultada.

El mismo día en que el tribunal se apresta a dictar una sentencia histórica contra Zavala, el gobernador de Puebla no solo se deslindó con claridad quirúrgica, sino que hizo lo que los rumores nunca imaginaron.

En su mañanera pidió justicia directa.

“¿Cómo voy a coludirme?”, cuestionó Armenta, y la frase no fue retórica. Fue una estocada.

Acompañó el golpe con algo más contundente, al revelar que había hablado con Helena Monzón, la hermana de Cecilia, para dejar claro que su único interés es que el crimen no quede impune.

No favores, no pactos, no silencios y si justicia.
Ahí se rompió la narrativa.

Sobre todo ahora que se le quiere vincular con todos los procesos penales en Puebla.

Cuando un gobernador se coloca del lado de la víctima y no del victimario, se acaban las conjeturas y se caen los cuentos de sobremesa.

Y entonces habló Helena.

Con firmeza tras haber caminado sobre el dolor durante más de 3 años.

Reconoció que el tribunal sí entendió lo que durante años se negó a ver: que Cecilia no fue solo una mujer asesinada, fue una defensora de derechos humanos silenciada.

Que el feminicidio no fue un “crimen más”, sino un mensaje de violencia contra quien incomodaba.

Dejó claro que esto no termina con una sentencia, sino con la imposición de una pena ejemplar, una que —si la ley no se dobla— puede alcanzar los 60 años.

Y no es metáfora, es exigencia.

Pero hubo una frase que dijo que atravesó como una daga.

“La única diferencia entre mi hermana y yo es que yo no me topé con un feminicida.”
No hay discurso que compita con eso.

Hay que reconocerle que Helena luchó incansablemente durante todo este tiempo, invirtiendo cientos de horas, entre viajes, audiencias y hasta estudiada del sistema penal mexicano, al ser originaria de España.

En Puebla, llegó la justicia.

Pero fue en gran parte gracias al trabajo de Helena.
Y antes de que acabe el 2025, “será el broche de oro”, dijo.

Tiempo al tiempo.

Jorge Castillo
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