domingo, enero 11, 2026

Mole de caderas y el sello armentista

EL mole de caderas no es solo un platillo, es un emblema regional, una tradición que une a los pueblos de la Mixteca, a las cocineras tradicionales, al campo y a la historia.

En política, los gestos dicen más que los discursos.

Este martes  el gobernador Alejandro Armenta se sirvió algo más que un plato del tradicional mole de caderas en Tehuacán.

Se sirvió una dosis de fuerza política y de legitimidad popular.

Porque en Puebla, los símbolos pesan.

EL mole de caderas no es solo un platillo, es un emblema regional, una tradición que une a los pueblos de la Mixteca, a las cocineras tradicionales, al campo y a la historia.

Cuando el gobernador aparece ahí, entre humo de leña y cazuelas, no solo celebra una temporada gastronómica, marca territorio político.

El mensaje

Armenta entendió algo que muchos olvidan, la cercanía no se finge, se construye.

Su presencia en Tehuacán no fue casual ni protocolaria; fue un movimiento calculado que combina arraigo, identidad y narrativa.

En un momento donde el poder necesita conexión social, se metió literalmente al fogón de la tradición poblana.

Ahí, entre los matanceros y las cocineras de Santa María Coapan, el gobernador no solo levantó el plato, levantó una bandera.

Habló del mole como símbolo de herencia, de trabajo y de economía, pero también de unidad y esa palabra, en política, vale más que cualquier discurso técnico.

La política también huele a chile

No es la primera vez que un mandatario aprovecha la tradición para fortalecer imagen, pero Armenta lo hizo en un contexto particular: después de semanas de giras intensas tras la tragedia de las lluvias en la sierra norte, por lo que su presencia en el sur refuerza el mensaje de que su gobierno pisa territorio, no solo despacha desde el CIS.

El mole, al final, es una metáfora: fuego lento, paciencia, mezcla de ingredientes distintos que logran armonía.

Algo que al poder le hace falta replicar.

Al final, el mole de caderas no fue solo una fiesta: fue una lectura de poder.

Armenta no solo comió, probó su propia receta de liderazgo.

Por ahora, el sabor le está saliendo bien: popular, consistente y con ese toque regional que tanto identifica a Puebla.

Pero como buen guiso, lo importante no es el primer plato, sino cómo se mantiene el sazón.

Jorge Castillo
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